La impaciencia de Jacinto hacía que se quedara después de clases con el profesor para aprender más rápido, regresaba a escondidas a la hacienda simulando trabajar de horas antes para que lo viera su padre o el capataz, así se mantuvo durante tres semanas, hasta que un día en la clase el profesor les da una nueva noticia, “Mañana Jacinto me acompañará a la capital por su buen aprovechamiento” todos veían de arrastrado a Jacinto, aunque cuidado que lo miraran feo porque era el patrón de la escuela, cuando alguien llevaba una fruta, Jacinto se la quitaba, cuando se le acababa un gis, Jacinto se lo arrebataba a quién estuviera cerca, cuando alguien se reía, él le daba un zape, a Dionisio lo mandaba por los elotes que preparaba su madre con tal de que lo defendiera cuando todos se burlaban de que no entendía un ejercicio; en el pueblo Jacinto era el más atractivo de las mujeres jóvenes, todas le querían lavar su ropa, él humildemente decidía intercambiar aquel privilegio con una diferente todos lo días, aunque si bien se sabe se ganó su respeto en el pueblo, en la hacienda era un esclavo enamorado de Elena, con este premio que le daba el profesor la volvería ver, el colegio donde estudia ella se encontraba en la capital.
Su viaje a la capital tenía como objetivo conocer una semana las clases del colegio, donde se encontraban, según el profesor, los más inteligentes de México, si bien eso se traduce como los que tienen dinero, Jacinto se imaginaba como los profesores lo adoptaban para quedarse en la capital y estudiar todo el día. El profesor tuvo que hablar con el hacendado para que dejara a Jacinto una semana, lo tuvo que sobornar, apuesta por todo por Jacinto, su madre solo lo persigna, y su padre no le importaba, todo se encontraba listo para la aventura.
Llega aquel segundo primer día de clases, todo se le quedaban viendo al entrar al salón sus botas cafés gastadas, su camisa blanca rasgada y sus pantalones de manta en que le veían hasta los calzones, hay pupitres completos, una mesa con dos sillas, olía todo como recién pintado, había un pequeño levantamiento del piso en el escritorio del profesor, habían niñas sentadas, aunque todas lo veian con aborrecimiento, ahí se encontraba Elena, riendo con una de sus amigas pero que al momento de que se percata de la entrada de él al salón su semblante se torna sería, el nuevo profesor de religión católica y con nombre de Efraín, antes de que se le acercara, le señala donde debía sentarse, y era una banca larga que la ponían hasta atrás del salón para que los padres que querían esperar a sus hijos los esperaran sentados, una vez ubicado en su lugar, el profesor comienza con su clase, Jacinto no entendía nada, hablaba demasiado rápido, cuando preguntaba y no le respondían les pegaba con un trozo de madera con rayas y números escritos, Jacinto pone cara de espantado conforme pasan las horas, el profesor nunca lo atendía ni se percataba de que existía, cuando llega el receso, Jacinto se mantenía sentado y agachado mientras todos se salían, sus actuales compañeros solo se le quedaban viendo y riendo al pasar, las niñas corrían rápido como si tuviera fiebre y se le vaya a contagiar. Jacinto no sabía que hacer, solo se quedó sentado todo el receso y el resto de la clase, así se la llevaría todo aquella semana. Al segundo día le hicieron la broma de ponerle una tachuela a su banca, no gritó y se aguantó hasta que acabara el día, ya que si decía alguna palabra le pegaban y lo corrían de la clase. Al tercer día intento robar unas prendas al profesor que lo llevó a la capital, pero este se dio cuenta, solo le dijo que eso no es de hombres, y que aprendiera todo lo que pudiera, porque tiene fe en él. Jacinto se sentía solo, intentaba hacer sus tareas pero no entendía nada, además ni se las calificarían, aquel profesor que lo llevó y apreciaba mucho se la pasaba todo el día afuera, Jacinto no se atrevía salir, ya que la vez que lo intentó, la gente le gritaba y le daba órdenes de todo tipo, desde abrir la puerta a la gente, hasta ponerlo a barrer en las banquetas, ya quería regresarse a su pueblo.[continuará]